sábado, enero 29

lunático

mientras veo la tarde ridícula y parsimoniosa en su partida
al fin admito que no siempre podré conmigo,
al balcón me asomo y desde el balcón (otro pero un poco el mismo)
noto que
un hombre me espía,
me controla en cada respiración, me agobia con su exactitud
parece algo sigiloso en sus mañas, pero calladito como un amanecer de sepsis
giro súbitamente, paranoico, y el mengano no va que me copia
me enfurezco como parte de un reflejo aprendido,
apenas algunos (los que me conocen de antaño)
podrían notar mi mueca de furia,
es falsa, pero en este mundo a quién le importa,
cambio de posición, el precipicio me advierte
que será un primer piso pero puede ser el último,
me lo dice con el viento, que sopla
pero nunca inspira
y en eso,
me da por pensar la estrategia con la que voy a sorprenderlo
ya sé,
voy a mirar el reflejo de la luna
y si media luna da en el centro de su pupila
y la otra media da en la mía
tendré que atacarlo, como sea, a la fuerza
y ya es de noche
y la tarde, o el viento, o el silencio sobra,
algo sobra,
me hago un ovillo,
me quedo sin palabras,
me quemo las yemas por el mal armado,
me siento a esperar contra el vidrio;
si total hoy es luna nueva

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